
En el corazón de la moderna Tashkent, la capital de Uzbekistán, se encuentra un monumento arqueológico único: Ming Urik. Este sitio, guardián silencioso de secretos antiguos, revela la historia centenaria de la ciudad, que se remonta al siglo I a. C.
Hace poco, en un tramo de la calle Mavaro-un-Nahr que conecta con la plaza Amir Temur, se alzaban las colinas Ming Urik, llamadas así por el extenso huerto de albaricoqueros que aquí florecía. Ming Urik, situada en el recodo del canal del Salar, se distingue por su singular estructura urbanística y ocupa una superficie de unas 35 hectáreas. Su ubicación en una importante ruta internacional de caravanas y el surgimiento de relaciones feudales contribuyeron a la transformación de la fortaleza en una ciudad. En el siglo V d. C., Chach fue conquistada por los heftalitas, que establecieron un poderoso estado en Asia Central. Sin embargo, en el siglo VI, cayó en manos de los sasánidas y del kanato turco. Como resultado de estos acontecimientos políticos, la capital se trasladó al norte, a la ya existente ciudad de Ming Urik, que pasó a formar parte del kanato turco.
Las fuentes escritas de los siglos VI al VIII nos cuentan poco sobre la estructura y la naturaleza de las ciudades de Chach, pero los hallazgos arqueológicos nos permiten recrear esta imagen. En el período medieval temprano, en el territorio de la actual Tashkent se formó un conjunto de cuatro ciudades y hasta veinte castillos y asentamientos. Entre ellos, la capital, Madinat al-Shash, como se la denomina en fuentes árabes posteriores, estudiada en el asentamiento de Ming Urik, ocupó un lugar central. El nombre Chach se transmitió en las fuentes árabes como "Shash" debido a las peculiaridades del alfabeto.
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