
Tashkent, la bulliciosa capital de Uzbekistán, no es solo una metrópolis moderna, sino también un custodio del antiguo patrimonio de Asia Central. La Ciudad Vieja, o “Eski Shahar”, como se la conoce localmente, es un testimonio de esta rica historia. Aquí, en medio del laberinto de callejuelas estrechas, se alzan casas residenciales que se remontan a finales del siglo XIX, y sus paredes susurran historias de una era pasada.
La Ciudad Vieja es un tesoro de maravillas arquitectónicas medievales, entre las que se incluyen la venerada madraza Kukeldash y los preciados edificios del complejo Khast-Imam. Este barrio histórico, situado en la parte noroeste de Tashkent, fue el corazón original de la ciudad antes del establecimiento de la gobernación general del Turquestán en 1865. El término “Ciudad Vieja” surgió durante la era del colonialismo zarista, una época en la que las autoridades rusas estaban ocupadas creando un nuevo paisaje urbano. El canal Anhor sirvió como una línea de demarcación informal, que separaba lo antiguo de lo nuevo.
Las reliquias arquitectónicas de la Ciudad Vieja datan principalmente de la segunda mitad del siglo XV y principios del siglo XVI, un período marcado por el gobierno de los shaybánidas. Bajo el Kanato de Kokand, Tashkent fue fortificada con un foso y almenas de arcilla que se extendían a lo largo de casi 15 kilómetros, puntuadas por 16 puertas. Lamentablemente, ni la muralla ni las puertas han sobrevivido hasta nuestros días.
Excursiones por Uzbekistán